La vitamina C ocupa un lugar particular en las rutinas destinadas a recuperar la luminosidad de la piel. Como antioxidante, ayuda a neutralizar los radicales libres generados por diferentes factores ambientales, entre ellos la radiación UV y la contaminación. No sustituye a la protección solar, pero puede complementar una rutina orientada a proteger la piel de las agresiones externas.
Su segundo interés está relacionado con el aspecto del tono cutáneo. La vitamina C interviene en diferentes procesos biológicos de la piel y puede ayudar a mejorar la apariencia de las irregularidades pigmentarias y favorecer un tono más uniforme.
¿Cómo elegir un producto con vitamina C?
No todas las fórmulas con vitamina C son iguales. Existen diferentes formas del activo, con características distintas en términos de estabilidad, concentración y tolerancia. Por eso, más que buscar simplemente el porcentaje más elevado, conviene considerar la formulación completa y las necesidades de la piel.
Una piel apagada puede beneficiarse de una rutina antioxidante centrada en la luminosidad. Si además presenta deshidratación, puede ser interesante combinar la vitamina C con ácido hialurónico. En cambio, cuando predominan las imperfecciones, otros activos pueden ser más apropiados.
¿Cómo incorporarla a la rutina?
La vitamina C suele utilizarse por la mañana, después de la limpieza y antes de la hidratación y la protección solar. La protección solar SPF50+ sigue siendo el paso fundamental para limitar el impacto de la radiación UV y prevenir la aparición de nuevas alteraciones pigmentarias.
Si la piel es sensible, es preferible comenzar de forma progresiva y observar su tolerancia. Una rutina sencilla y constante suele ser más adecuada que acumular numerosos activos al mismo tiempo.
En SVR, la vitamina C se encuentra en diferentes cuidados destinados a la luminosidad y a la apariencia de las manchas. Por ejemplo, Ampoule [C] Anti-Ox está formulada para acompañar las rutinas destinadas a recuperar una piel de aspecto más luminoso y uniforme.