La radiación ultravioleta es uno de los principales factores de riesgo ambientales relacionados con el cáncer de piel. La exposición procede principalmente del sol, pero también puede provenir de fuentes artificiales como las cabinas de bronceado. La prevención no consiste en evitar cualquier actividad al aire libre, sino en reducir la exposición excesiva y proteger la piel cuando los niveles de radiación son elevados.
La primera medida es controlar la exposición. Cuando el índice UV es igual o superior a 3, la OMS recomienda adoptar medidas de protección. Buscar zonas de sombra y evitar permanecer al sol durante las horas de mayor intensidad puede reducir significativamente la exposición. La ropa que cubre la piel, un sombrero de ala ancha y unas gafas de sol con protección UV completan esta estrategia.
El protector solar tiene un papel complementario. Debe aplicarse sobre las zonas que no pueden cubrirse con ropa y ofrecer una protección de amplio espectro frente a UVA y UVB. Para una exposición importante o para pieles especialmente vulnerables al daño solar, puede ser apropiada una protección muy alta.
Algunas situaciones requieren una atención especial. Las personas con fototipos I y II, las personas inmunodeprimidas y aquellas con determinados antecedentes de lesiones relacionadas con el sol pueden presentar un mayor riesgo de daño actínico. En estos casos, la fotoprotección diaria debe ser especialmente rigurosa y formar parte de una estrategia global de prevención.
La elección de la textura también influye en la constancia. Un protector solar que resulte fácil de aplicar y agradable de utilizar puede facilitar su uso diario. AK SECURE DM Protect ofrece una textura fluida de tacto seco y una película protectora invisible, además de una protección muy alta y resistencia al agua. Está indicado como producto médico para la prevención de los daños actínicos, incluidos los relacionados con la queratosis actínica y los cánceres cutáneos no melanomas.
Por último, la protección solar no sustituye al seguimiento dermatológico. Una lesión nueva, una herida que no cicatriza, una mancha que cambia de aspecto o una zona áspera y persistente debe ser valorada por un profesional sanitario. La fotoprotección ayuda a reducir la exposición a los rayos UV, pero no permite diagnosticar ni tratar por sí sola una lesión cutánea.